Causas de la Fobia Social

3 Diciembre 2009 Roberto 5 comentarios

  

 

Autor: Roberto Neumann Ringeling

Para las personas que padecen fobia social, sería fácil entender el origen de este trastorno si existiera solamente una causa que lo explicara todo. Pero no es así, no existe una razón única para el surgimiento de esta enfermedad. Los estudios muestran que la causa de la fobia social es multifactorial, es decir, se requiere que esté presente una combinación de factores (todos mencionados en este trabajo) para que el trastorno se manifieste.

 El origen de esta enfermedad no está claro. Se cree, por ejemplo, que aunque una persona haya heredado genéticamente el desorden, se requiere de otros factores adicionales para que en conjunto hagan posible que se exprese la enfermedad. Asimismo, el estilo de crianza de los padres, los factores psicológicos individuales u otros de los factores listados a continuación, no pueden, por si solos, causar el surgimiento de la fobia social. A continuación se exponen todos los factores conocidos que están relacionados con el surgimiento de esta enfermedad: 

  1. Herencia genética
  2. Herencia aprendida
  3. Padres poco cariñosos
  4. Padres sobre-protectores
  5. Etapa de timidez infantil
  6. Temperamento de inhibición a lo desconocido
  7. Hipersensibilidad innata a la crítica
  8. Eventos traumáticos humillantes en la niñez
  9. Apego mal establecido
  10. Factores neurobiológicos 

 

1. Herencia genética

 En general, los estudios han mostrado que la genética juega un papel entre modesto y moderado en el desarrollo de la fobia social. Al parecer, puede existir cierta disposición genética para desarrollar la enfermedad, pero esta predisposición, por sí sola, no es suficiente para que se manifieste. Además de la herencia genética deben existir otros factores que, en sumatoria, dan lugar al surgimiento de la fobia social . 

Los niños cuyos padres, madres y abuelos (parientes en primer grado) padecen fobia social, tienen tres a cuatro veces más probabilidades de sufrir esta enfermedad que otros niños en cuyas familias no existe. Esto significa que de cien personas que padecen fobia social, solamente 30 ó 40 de ellas tienen familiares directos que también la padecen. El otro 60 ó 70% de los afectados tienen padres, madres y abuelos que no son portadores, dejando de manifiesto que la herencia genética no es requisito indispensable para la aparición del trastorno de fobia social.

 Los estudios de gemelos confirman los porcentajes mencionados. Cuando se estudia la aparición de trastornos de ansiedad en gemelos monocigóticos y dicigóticos, se demuestra que sólo se puede atribuir a la genética un 30-40% de la responsabilidad en el origen de dicho trastorno. Este porcentaje es relativamente bajo cuando se compara con el de otras enfermedades psiquiátricas, como la esquizofrenia, donde el 60-70% de los parientes de primer grado sufre la misma enfermedad, o enfermedades neurológicas, como la enfermedad de Huntington, donde el 100% de los familiares directos también poseen la misma condición.

2. Herencia aprendida 

Muchos investigadores sostienen que las personas que padecen fobia social pudieron haber adquirido su miedo al observar el comportamiento temeroso en sus padres, en un proceso llamado “aprendizaje de observación” o de “modelado social”. Una hipótesis es que los niños incorporan estos temores al observar cómo sus padres reaccionan con ansiedad ante diferentes situaciones de interacción social, durante los años críticos de formación.

 Por ejemplo, los padres que suelen tener poca actividad social o que ellos mismos son tímidos y evitan ciertas situaciones sociales, les pueden transmitir a sus hijos las sensaciones y creencias que llevan a una persona a desarrollar este trastorno. Cuando un niño no ha alcanzado aún la capacidad de razonamiento, y ve que sus padres reaccionan constantemente con temor y ansiedad frente a situaciones sociales nuevas, llegan naturalmente a creer que hay algo de que temer en ellas. Este proceso de aprendizaje, de acuerdo a las teorías actuales,  daría paso, o contribuiría, al surgimiento de la fobia social.

  3. Padres poco cariñosos

 Varios estudios han dejado de manifiesto que los diferentes tipos de trastornos de ansiedad que sufren los adultos, tales como crisis de ansiedad generalizadas, fobia social y agorafobia, tienen que ver con la calidad de la relación afectiva que se establece entre padres e hijos durante la niñez.  Los padres que son menos cariñosos, emocionalmente fríos y distantes, así como padres sobre protectores, están directamente relacionados a la aparición de estos trastornos.

Un estudio internacional realizado en España (Jordi Alonso, 2008), que contó con la colaboración de 8.232 participantes procedentes de Alemania, Bélgica, Francia, Holanda, Italia y España, estudió la relación afectiva que se establece entre padres e hijos y la aparición en la edad adulta de determinados trastornos de ansiedad. Los resultados confirmaron que la carencia afectiva y/o la sobreprotección por parte de la madre, estaba relacionada con todos los diferentes tipos de ansiedad considerados en el estudio. 

La conclusión de este estudio pone de manifiesto que una buena relación padre-hijo puede evitar futuros trastornos de ansiedad y que, en la situación opuesta, la carencia afectiva y/o la sobreprotección maternal son un factor de riesgo psicosocial para los futuros adultos, y en particular para el surgimiento de la fobia social.

4. Padres sobre-protectores

  La sobre protección puede ser especialmente dañina para el normal desarrollo de las habilidades sociales del niño. Si los padres resuelven todas las dificultades que éste enfrenta durante su desarrollo, estarán criando una persona dependiente, incapaz de valerse por sí mismo y de enfrentar las dificultades de la vida.

 Los padres excesivamente ansiosos y sobre protectores, que requieren ellos mismos sentirse necesitados o tener alguien que dependa de ellos, pueden inhibir la capacidad de exploración de un niño, y de este modo, impedir el desarrollo de la confianza en sí mismo. Esto puede afiatar la creencia en el niño de que todo afuera del círculo familiar es riesgoso y, de este modo, sentar las bases para el surgimiento de la fobia social (y de otros problemas de adaptación).

5. Etapa de timidez infantil

 Diversos autores han mostrado que existe una relación entre la timidez infantil y el posterior desarrollo de la fobia social. Marks y Gelder (1966), por ejemplo,  encontraron que más del 50% de las personas fóbicas sociales de su estudio reportaron haber padecido de timidez durante la infancia. Algunos expertos, inclusive, sugieren que las personas que desarrollan fobia social se han quedado estancadas en la etapa normal de timidez que todos atraviesan entre los 3 y los 7 años. 

 Sin embargo, es necesario señalar que la timidez no es la antesala de la fobia social. Aunque estos dos trastornos son muy parecidos porque comparten muchos síntomas y parecieran ser grados diferentes de una misma cosa, en realidad no lo son. La timidez debe ser considerada un factor precursor y no una versión moderada o más atenuada de fobia social. De hecho, la gran mayoría de niños que muestran timidez no desarrollan fobia social (y muchos fóbicos sociales no son tímidos). Cabe aclarar que la fobia social es un trastorno de ansiedad, mientras que la timidez es un rasgo de personalidad.

 Por esta razón, la timidez infantil no es un buen indicador, ni un buen predictor, de un  futuro padecimiento de fobia social. Queda por demostrarse si la timidez infantil favorece o afecta de alguna forma la aparición posterior del trastorno o si estas dos condiciones se dan en forma sucesiva, pero independientemente una de la otra.

6. Temperamento de inhibición a lo desconocido

  La inhibición conductual a lo desconocido es un rasgo de temperamento heredado genéticamente en niños. Se caracteriza por una fuerte resistencia a  relacionarse con personas u objetos poco familiares y al retraimiento o temor en situaciones sociales nuevas. Se ha encontrado que esta inhibición conductual es un factor de riesgo, porque predispone a quienes lo exhiben a desarrollar fobia social. Varios estudios han mostrado que cuando los niños que presentan un temperamento de inhibición llegan a la adolescencia, poseen un alto riesgo de  desarrollar la enfermedad.

 Sin embargo, hoy en día, la gran mayoría de autores sostienen que “la herencia no es destino”. Lo que afirman es que un niño puede nacer con este factor temperamental heredado, pero si el ambiente familiar y el estilo de crianza de los padres son de cercanía y apoyo, el trastorno nunca se va a desarrollar. La sabiduría popular pareciera confirmar esta hipótesis, porque es ampliamente aceptado que de hogares felices y bien conformados no salen personas con problemas de ansiedad social.

7. Hipersensibilidad innata a la crítica

 Debido a que la fobia social consiste, en parte, en una hipersensibilidad a la crítica se ha sugerido que algunas personas poseen esta hipersensibilidad innata, que se puede reforzar durante la infancia hasta llegar al punto de la fobia social. Esta hipótesis no ha tenido fuerza y no se han realizado estudios al respecto.

8. Eventos traumáticos humillantes en la niñez

  Muchas personas que padecen fobia social han reportado que su enfermedad está relacionada con acontecimientos humillantes vividos durante la infancia y la adolescencia. Estas situaciones pudieron haber sido fracasos en reuniones sociales, situaciones ridículas que provocaron risas en los compañeros, humillaciones públicas o cualquier otra situación que provoque una intensa ansiedad en la persona. Se postula que, a partir de estas situaciones, la persona genera un intenso miedo a que esto vuelva a ocurrir, desarrollando de esta manera un temor generalizado por todo tipo de interacción social.

 A partir de estas experiencias traumáticas vividas en la niñez, se cree que el temor adquirido a las diferentes situaciones de interacción social se podría acrecentar llegando a convertirse en una fobia social.

 9. Apego mal establecido

 La calidad del apego o del vínculo afectivo que el niño desarrolla con la madre, afecta cómo la persona se relaciona socialmente con otros por el resto de la vida. Existe una clara conexión entre apego inseguro y retraimiento social: un apego pobre, mal establecido, entre la madre y el niño durante etapas tempranas del desarrollo crea un sentimiento de inseguridad que se generaliza a todas las relaciones externas, y produce en el niño una sensación de incompetencia e inseguridad en las interacciones con otras personas.

 Muchos investigadores afirman que el apego inseguro o mal formado, sienta las bases para un desarrollo futuro de relaciones sociales caóticas e inseguras. Se ha postulado que esta deficiencia en la formación del apego materno aumenta las probabilidades, o está relacionado, con el surgimiento de la fobia social.

10. Factores neurobiológicos

 Para la mayoría de los psiconeurólogos y psiquiatras, la fobia social es básicamente un problema orgánico, localizado en deficiencias de una región del cerebro que regula las respuestas de temor (denominada amígdala) o en desórdenes bioquímicos u hormonales del funcionamiento cerebral.

Algunos estudios han propuesto, por ejemplo, que una falta de Oxitocina es por lo menos una de las causas del miedo que se experimenta con la fobia social. En las últimas investigaciones que se han realizado, también se ha observado que la fobia social se debe a un desbalance químico que se forma por una distribución deficiente, en el cerebro, de una sustancia llamada Serotonina. Otros estudios sobre la Dopamina en la actividad cerebral han integrado los conocimientos actuales y han explicado la fobia social en términos de sus bases biológicas.

El éxito de la farmacoterapia en el tratamiento de la fobia social, a su vez, ha generado hipótesis neurobioquímicas para la explicación de este trastorno. Por ejemplo, la eficacia de los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO) en el tratamiento de la fobia social, ha llevado a formular la hipótesis de que la actividad dopaminérgica está relacionada con el origen de este trastorno .

Conclusión

 Las investigaciones que se han realizado sobre la fobia social han identificado una serie de posibles causas, como se ha demostrado en este artículo. Pero no se han realizado conjeturas acerca de cuáles causas probables deben estar presentes para que se manifieste la enfermedad. A continuación, y estrictamente a modo de hipótesis personal, hago un intento de juntar o agrupar algunas de las causas presentadas en este texto, para ver cómo el cuadro general cobra sentido.

Es posible, por ejemplo, que los padres que padezcan un grado importante de ansiedad social, sean precisamente ellos los portadores del gen que predispone a este padecimiento. Estos padres, además de transmitir genéticamente la ansiedad social a sus hijos, actuarían ellos mismos como modelo social a imitar y así los niños podrían adquirir la enfermedad por el proceso de aprendizaje, o modelación social, como se expuso anteriormente. Es posible, además, que estos mismos padres, por padecer ellos  de ansiedad social, sean personas poco cariñosas, emocionalmente distantes y que esto se refleje en sus estilos de crianza. Si esto fuese como se menciona, estarían nombradas ya tres causas probables que se reforzarían unas con otras para dar origen a la fobia social.

Además de lo expuesto anteriormente, también es probable que estos mismos padres, por las características personales ya descritas (emocionalmente fríos y distantes) sean proclives a crear lazos de apego deficientes o mal establecidos con el niño, aumentando así las probabilidades del surgimiento de la fobia social. Si a este cuadro se le agrega que el niño pueda haber heredado genéticamente, por ejemplo, una inhibición del temperamento a lo desconocido o una susceptibilidad innata a la crítica, la posibilidad de desarrollar el trastorno aumenta mucho más. También es probable que los niños que hayan crecido en estos ambientes familiares desfavorecidos, estén más expuestos  a experimentar situaciones traumáticas de humillación durante la niñez, que otros niños criados en ambientes de mayor seguridad personal.

En cuanto al rol que juegan los factores neurobiológicos (como desbalances químicos y alteraciones de neurotransmisores) en la fobia social, también es posible hipotizar que estos sean una consecuencia y no una causa de la enfermedad. Muy parecido al caso de la depresión reactiva, que consiste un una alteración orgánica a nivel de los neurotransmisores en el cerebro, pero que es producida por causas de tipo psicológicas. En este sentido, las alteraciones orgánicas que se han encontrado presentes en la fobia social serían también predecesoras a la aparición de esta enfermedad.

Fobia Social y Felicidad

8 Noviembre 2009 Roberto 4 comentarios

 

 

Autor: Roberto Neumann Ringeling

En mi artículo pasado hice una pequeña alusión sobre el tema del sufrimiento y en esta oportunidad quiero ampliar la idea. El objetivo es descubrir cuál es la fuente del sufrimiento en la fobia social, y si ésta enfermedad puede coexistir con la felicidad o son mutuamente excluyentes. Lo que escribí es esa oportunidad fue lo siguiente: 

“Cuando se habla de Fobia Social es necesario hacer justicia y mencionar el grado de sufrimiento que este trastorno produce: es una condición tremendamente dolorosa e incapacitante para quien la padece. Algunos estudios se refieren a esto como: “…causa de difundidos sufrimientos”, o, “…provoca un sufrimiento significativo” o, “es una enfermedad penosa y tan incapacitante como…”. 

 Quisiera comenzar de la siguiente manera: los seres humanos venimos “cableados” de nacimiento para vivir en sociedad. Somos seres sociales que hemos evolucionado para vivir  juntos: ¡ese es nuestro mandato evolutivo! Requerimos vivir en comunidad, en colaboración, porque dependemos unos de los otros para subsistir en el mundo. Para tal efecto hemos desarrollado conductas y habilidades sociales que hacen posible que nos podamos relacionar, que podamos interactuar juntos para llevar a cabo nuestras vidas. 

No ha de sorprendernos, entonces, que el sentimiento de felicidad también venga “cableado” para manifestarse en la medida que hagamos cumplir nuestro mandato evolutivo, que es vivir integrados en comunidad. La felicidad y las buenas relaciones humanas van de la mano: en la medida que seamos felices en nuestras relaciones con los demás, seremos felices con nosotros mismos. Los seres humanos no somos felices en soledad, somos felices cuando disfrutamos de nuestras familias, de nuestros seres queridos, de nuestros amigos, cuando tenemos gente con quién compartir nuestras vidas, nuestras alegrías, cuando hay quienes reconozcan nuestros logros, nuestras penas, cuando hay quienes nos escuchen y haya a quienes escuchar. 

Ahora bien, para el fóbico social esta situación de disfrutar de la convivencia con los demás no se da como al resto de las personas. La enfermedad consiste precisamente en evitar las relaciones sociales por temor a ser rechazado, lo cual obliga al que lo padece al retraimiento, al aislamiento social y a vivir desconectado del mundo. Para el fóbico social las relaciones humanas pueden incluso ser motivo de sufrimiento, y por ésta razón, los que padecen la enfermedad se ven incapacitados para integrarse a la sociedad en general, al mundo social, al mundo afectivo, familiar: ésta es la razón y el origen del sufrimiento en la fobia social. Entonces, la pregunta que viene al caso es la siguiente: 

¿Dónde debe un fóbico social buscar su felicidad?

 El siguiente párrafo nos da un punto de partida además propone una línea de análisis para abordar el problema. Hace poco escuchaba al conocido Psiquiatra español, Dr. Enrique Rojas, que ha publicado mucho sobre temas de psiquiatría y relaciones humanas. En una entrevista televisada, que por suerte me tocó ver dos veces, decía lo siguiente respecto a este tema: “la felicidad es una “óptica”, es un “prisma”, es una forma de ver la vida. La felicidad es un proceso, no un estado final; no está al final del camino, en la posada, sino en la mitad del camino… en la mitad de la lucha”. Después continúa diciendo: “la felicidad no está en la realidad, sino en cómo se interpreta la realidad”. 

Lo que pareciera sugerir el Dr. Rojas, tratando de aplicar sus conceptos al tema de la fobia social, es que si la felicidad no se puede alcanzar relacionándose con los demás seres humanos, se puede alcanzar de igual forma realizando otras actividades. Ya que, supuestamente, la felicidad no está ni en las relaciones humanas ni en ninguna actividad en particular, sino en cómo se interpreten éstas actividades. En este sentido, se abriría la posibilidad que  la felicidad, para el fóbico social, se pueda alcanzar realizando actividades  como leer, escribir, trabajar en el computador, hacer deportes, etc., ya que “todo depende” de cómo se interprete la realidad. Pero, ¿será esto lo que plantea el Dr. Rojas?, ¿es esto realmente posible?

 Por otro lado, asumamos por un minuto que decido darle un switch a mi forma de pensar y decido mirar mi vida con otro “prisma, con otra “óptica” : podría ser amable conmigo mismo y permitirme ver, por ejemplo, que la culpa de mis problemas se debe a la fobia social, puesto que es una enfermedad invalidante que arruina la vida de quienes la padecen. Eso me permitiría aceptar mis circunstancias y evitaría sentirme culpable por mis problemas y dificultades en la vida. Pero, en lo que se refiere a la felicidad, en momentos cuando me encuentro solo, sin tener a nadie con quién compartir, sin que el teléfono suene de viernes a lunes, este concepto de estar libre de culpa, ¿me ayudaría a pasar el momento?

 Comprender que mis limitaciones en la vida se deben a la fobia social sí ayuda. Comprendo, por ejemplo, por qué no me he casado o no tengo familia propia como el resto de mis amistades, comprendo por qué no soy el profesional que me hubiera gustado ser y lo acepto de buena forma, sin lamentarme ni rebelarme contra nada. En cierto modo, aceptar las circunstancias particulares de vida es un ejemplo de lo que el Dr. Rojas  se refiere con utilizar un “prisma”  o una “óptica” más adecuada, más adaptativa de ver la vida. Pero el hecho de comprender y aceptar mis circunstancias particulares en sí no me hace feliz; es un requisito para la salud mental, para poder crecer, pero en sí mismo no es una fuente de felicidad. Me evita sufrimiento adicional, me permite vivir sin envidias y me da paz, pero no me hace feliz. Entonces, la pregunta formulada anteriormente sigue en pie: 

¿Dónde debe un fóbico social buscar la felicidad?

 He pensado mucho sobre este tema y la respuesta, por el momento, no la tengo: no sé dónde deba un fóbico social buscar su felicidad, no sé por dónde pueda encontrarla si vive en soledad evitando el contacto humano por temor a ser rechazado. Me queda claro que perder la esperanza de ser feliz es la peor opción de todas, es lo mismo que abandonar la lucha, es lo mismo que querer morirse; sin embargo, aún así que la esperanza es el elemento central que permite continuar la lucha, en sí misma no es tampoco la felicidad que busco. Siguiendo con los conceptos del Dr. Rojas, pienso que interpretar la realidad de una forma inteligente y favorable, es requisito obligado para ser feliz, como lo es para el resto de las personas. Asimismo, ver la vida bajo una “óptica”, o un “prisma” de optimismo y de actitudes positivas, también es un requisito obligado para ser feliz, pero, aunque estos conceptos ayudan a llevar mejor la enfermedad, no son la respuesta acerca de dónde deba un fóbico social buscar la felicidad.

 Otra forma diferente de abordar el tema es tomar una línea un poco más filosófica y recurrir a una definición sobre el sentido de la vida, que a mí me gusta mucho, y es la siguiente: “el sentido de la vida consiste en solucionar los problemas mismos de la existencia”. De acuerdo a esta postura, el sentido de mi propia vida sería intentar resolver los problemas de vivir con fobia social y continuar intentándolo, aunque en el proceso no lo logre. La felicidad, entonces, surgiría en la medida que estos problemas se vayan resolviendo o, supuestamente, en la medida que se continúe intentando resoverlos; algo parecido a lo que dice la frase citada anteriormente: “la felicidad no está al final, en la posada, sino en la mitad del camino… en la mitad de la lucha”.

 Quisiera terminar este artículo dejando la pregunta abierta en un tono positivo y esperanzador; lo que no voy a hacer, sin embargo, es proponer soluciones rápidas ni dar consejos sin fundamento, porque sé que no sirven. Simplemente me abstengo de dar sermones porque no tengo la autoridad moral para hacerlo. Estoy seguro que en una segunda oportunidad podré aportar ideas para ayudar a zanjar este tema. Por el momento, me despido y termino diciendo que continúo mi lucha por encontrar respuestas e intentaré, con esfuerzo y temple, encontrar la felicidad que busco.

¿Por qué la Fobia Social es Subdiagnosticada?

22 Octubre 2009 Roberto 2 comentarios

Este artículo es un relato de mi experiencia personal con la fobia social y en él exploro las razones , que en mi opinión, fueron la causa de porqué tantos profesionales no supieron diagnosticarme fobia social, aún existiendo tanta información sobre esta enfermedad.

 

             

 

Autor: Roberto Neumann Ringeling

 A pesar de ser la Fobia Social  un trastorno extremadamente discapacitante, y causa de difundidos sufrimientos, mi experiencia a lo largo de los años indica que es subdiagnosticado, aún después de repetidas sesiones de terapia y de repetidas consultas a diferentes profesionales.

 La razón central de mi interés por este artículo es compartir mi experiencia para que sea de utilidad a profesionales del área de la salud mental, en la detección y realización del diagnóstico de Fobia Social.

 A continuación expongo algunas razones probables que, en retrospectiva y con la ventaja de conocer actualmente mi diagnóstico, en mi opinión, ayudarían a explicar por qué el diagnóstico de Fobia Social no se realizó en mi persona oportunamente, aún existiendo tanta información sobre este trastorno.

 Síntomas clásicos de la  fobia social

 Si una persona acude a una consulta y comienza a explayarse sobre situaciones sociales donde experimenta gran temor o ansiedad, como por ejemplo, dar una charla, asistir a reuniones informales, asistir a fiestas, etc., y si además muestra muchos de los síntomas físicos del trastorno como palpitaciones, temblores y  sudoración, entonces el cuadro de fondo está relativamente a la vista. Resulta evidente que la persona padece de un trastorno de ansiedad social  y el diagnóstico de Fobia Social probablemente no tardaría mucho en realizarse.

 El problema es que no muy a menudo llegan pacientes a las consultas describiendo los síntomas “clásicos” de Fobia Social, porque simplemente estos síntomas están ocultos detrás de una enredada malla de dificultades personales, difícil de descifrar incluso para el mismo profesional. Esta es una razón, a mi juicio, de por qué el diagnóstico de Fobia Social no se realiza.

 Por lo tanto, cuando los síntomas de la Fobia Social son evidentes y están a la vista, el diagnóstico se realiza sin dificultades como se hace en muchas personas (menos del 20%). Sin embargo, cuando los síntomas no están tan a la vista, por razones que expongo abajo, la detección de este trastorno se dificulta enormemente, y el diagnóstico puede postergarse indefinidamente como pareciera ser el caso de mucha gente que padece este infortunio, y como fue el caso mío.

 Niveles de intensidad mediana de Fobia Social

 Cuando una Fobia Social está generalizada y el grado de ansiedad en situaciones de interacción social o de actuación en público es sólo de mediana intensidad, da la impresión que las dificultades pueden superarse con fuerza de voluntad y terapia adecuada, de la misma forma como lo haría cualquier persona con similares dificultades (pero que no padece del trastorno). A mi entender, esta es la razón por la cual yo asistí a innumerables sesiones de terapia, sin advertir que esto no darían el resultado deseado porque el diagnóstico de Fobia Social no se había realizado.

 Específicamente, las dificultades generales de desenvolvimiento social que pueda tener una persona corriente se pueden confundir con los mismos problemas que tiene un fóbico social, excepto que las causas son totalmente diferentes. Por ejemplo, una persona corriente puede presentar cierto grado de retraimiento social debido a una autoestima baja, pero aunque en el fóbico social puede ocurrir lo mismo, el retraimiento no se debe a su autoestima negativa sino que forma parte del trastorno.

 Esta es una razón por la cual el diagnóstico de Fobia Social en mi persona no se realizó. El hecho de que mi problemática fuera bastante parecida a la problemática de cualquier otra persona, confundió el juicio clínico de los terapeutas e impidió que el cuadro de fondo fuera diagnosticado. Ningún terapeuta sospechó que mi caso se trataba de una Fobia Social, seguramente debido a que los síntomas clásicos de esta fobia no estaban presentes, o al menos no eran tan evidentes.

 En mi opinión, ésta es la gran causa por la cual el trastorno de Fobia Social es subdiagnosticado. La naturaleza de los síntomas del trastorno es confusa, se confunde con aflicciones de personas que no padecen el trastorno, y por lo tanto la historia se repite en otros individuos de la misma forma como se repitió en mi persona, vale decir, a menos que un paciente llegue a una consulta describiendo síntomas obvios de fobia social, el trastorno no se diagnostica y la terapia puede continuar en forma indefinida.

 El efecto amigo.

 En mi experiencia de haber vivido con fobia social desde los diez o doce años, he notado que a través de los años, siempre aparecen personas amigas donde existe y se genera gran interés por la amistad. En presencia de estas personas la fobia social desaparece, haciendo que la relación sea absolutamente normal (casi en forma calcada como aparece mencionado en la literatura). El por qué esta situación es así no la conozco, pero sí me doy cuenta que puede presentar una confusión para el diagnóstico de fobia social, porque lleva a pensar que el trastorno de fondo no existe (dado que en presencia de estas personas la enfermedad no se manifiesta).

  En ausencia de estos amigos, cuando aparecían los malestares propios del trastorno, los consideraba como algo transitorio, ajeno a mi forma de ser, producto de las circunstancias y que con seguridad los solucionaría en un futuro cercano. Siempre pensé que mi forma de ser era “normal”, como cuando estaba en presencia de estas personas. Desgraciadamente esto ocultó por muchos años, tras una aparente normalidad, la presencia del cuadro de fondo que era Fobia Social.

 El efecto enemigo.

 De la misma manera como existen personas que tienen la propiedad de anular mi fobia social en presencia de ellas, existen otras personas que producen el efecto contrario: me resultan tremendamente fóbicas y me producen una gran necesidad de evitarlas. A estas personas nunca las mencioné en ninguna terapia como parte de mi problemática, porque siempre pensé que la enemistad se debía a características propias de ellas, por ejemplo que eran demasiado agresivas o poco amistosas etc., y no a una manifestación propia de la Fobia Social. Nunca se me ocurrió relacionar el miedo que desarrollaba por estas personas con algo que fuera parte de un problema mayor, porque no tenía conciencia que existiera ese problema mayor.

 Estas peculiaridades de de la Fobia Social son ejemplos de cómo este trastorno conduce a la formulación de creencias equivocadas que uno construye para explicar la realidad, y contribuyen a confundir la comprensión de cómo se manifiesta este trastorno en la vida real, agregando mayor dificultad a la realización del diagnóstico.

 El efecto vergüenza de los síntomas.

 La naturaleza misma de la Fobia Social consiste en evitar situaciones de interacción social por temor a la humillación, a ser juzgado y evaluado negativamente por los demás. Por esta razón, resulta también vergonzoso admitir estos temores a otras personas porque se asocia con cobardía, debilidades de carácter o ineptitud social. Este temor a la humillación y a ser juzgado en situaciones de interacción social, también es vergonzoso admitirlo incluso a uno mismo, y por tanto se esconde a cualquier precio ante la propia persona y ante los demás, incluyendo situaciones de terapia donde hay profesionales que estarían dispuestos a escuchar.

  Este es otro factor que dificulta el diagnóstico de Fobia Social, porque si los síntomas del trastorno no se revelan (por vergüenza), dificulta tomar conciencia de la existencia de un cuadro de fondo. Si los síntomas típicos que se requieren para realizar el diagnóstico de Fobia Social “no están presentes”, se podría concluir con justa razón que el trastorno no existe.

 El efecto inconciencia del trastorno.

 La persona que padece de Fobia Social se da cuenta que tiene un problema grave, saben que lo pasa mal, pero no tiene conciencia de que padecen de un cuadro de fondo de trastorno social, que pudiera ser conocido y bien estudiado. Probablemente ni siquiera haya escuchado el término Fobia Social, ni de cualquier otro trastorno siquiátrico que pudiera dar luz a su problemática.

 Los síntomas de esta enfermedad no son obvios de reconocer como parte de un cuadro general. Normalmente son difusos, complicados de identificar y a menudo se confunden con las dificultades propias de cualquier interacción social (excepto que son mas extremos). A menos que una persona conozca de este trastorno de ansiedad, no tiene forma de advertir que esta sea la razón de sus malestares. Personalmente, yo pasé años tratando de descubrir y descifrar la causa de mis problemas sin éxito, incluso después de haber estudiado cuatro años de Psicología y de haber atendido a numerosas consultas profesionales (finalmente el diagnóstico se realizó, gracias en parte a circunstancias fortuitas).

 Con los años de vivir con Fobia Social, sin advertir que se padece esta enfermedad, las personas se acostumbran a ella, desarrollan estrategias y organizan sus vidas alrededor de los síntomas (hasta donde es posible). Cuando acuden a las consultas por ayuda, lo hacen por problemas puntuales y son tratados por esos problemas sin que nunca nadie sospeche de nada fuera de lo ordinario, o más allá de la problemática inmediata.

 El efecto caos e impredecibilidad.

 A diferencia de la mayoría de las fobias comunes, como por ejemplo fobia a las jeringas o fobia a la altura, donde el comportamiento pareciera seguir un patrón determinado y predecible, el comportamiento de la Fobia Social es más bien caótico e impredecible. En la Fobia Social generalizada, la intensidad de la ansiedad en diferentes situaciones de interacción social o de actuaciones en público, nunca es la misma. La misma situación, una reunión familiar, por ejemplo, puede la mayoría de la veces ser una experiencia extremadamente fóbica, y en otras ocasiones puede incluso ser agradable. Todas las situaciones sociales producen diferentes grados de ansiedad y el grado de intensidad fóbica a una misma situación puede ser distinto en diferentes ocasiones dependiendo de otros factores situacionales. Lo mismo ocurre con las personas: existen personas que me producen mucha ansiedad y otras que me producen el efecto contrario, y también existen otras personas que no me producen ningún efecto, ni a favor ni en contra.

 Personas que no me producían ningún grado de ansiedad pueden de pronto volverse tremendamente fóbicas si algo ocurre en la relación y viceversa. Incluso una misma persona puede producir diferentes grados de ansiedad, dependiendo de las características de la situación en la que se encuentren interactuando. Además, para complicar aún más la situación, si las condiciones de vida en un período de tiempo determinado son favorables, como tener un nuevo empleo o una nueva relación de pareja, el nivel general de ansiedad social puede disminuir, y si las condiciones se tornan adversas o desfavorables, como haber sido recientemente despedido del trabajo, el nivel general de la ansiedad social puede aumentar.

 Toda esta situación enredada y compleja de comprender acerca del comportamiento de la Fobia Social, como se expone arriba, ayuda a graficar lo difícil que es para la persona, y para el mismo terapeuta, identificar patrones claros y evidentes de comportamiento que revelen la existencia de un problema de fondo. Si fuera simple y predecible a primera vista, a mí me hubieran realizado el diagnóstico treinta años atrás. Esta es otra razón por la cual, a mi juicio, el diagnóstico de Fobia Social tan a menudo no se realiza.

 Error de diagnóstico por patologías asociadas.

 Posteriormente, después de muchos años de vivir en forma inadvertida con Fobia Social, cuando los pacientes acuden a las consultas por otros trastornos mentales asociados que los obliga a consultar, la situación se vuelve más confusa aún, porque los síntomas de la nueva patología se pueden confundir con los síntomas del cuadro de fondo. Por ejemplo la depresión, que por su naturaleza produce una tendencia al retraimiento se puede confundir con el aislamiento social que es propio de la Fobia Social. Y este además podría ser el caso para otros trastornos como el alcoholismo y la drogadicción, que por sus características pueden también generar dificultad para integrarse socialmente, muy similar a como se da en el Trastorno de Fobia Social.

Personalmente, a lo largo de los años, yo también fui tratado en varias oportunidades por depresión, en ocasiones por depresión profunda, sin que el diagnóstico de Fobia Social me fuera realizado. Incluso, también fui tratado por otras patologías que en su momento pudieran haber sido reales, pero que de haber tenido el diagnóstico correcto la situación hubiera sido diferente.

 Por lo tanto, cuando las personas acuden a la consultas para tratarse por trastornos agregados, el diagnóstico de Fobia Social se torna progresivamente más difícil realizarlo, porque se esconde aún más con los síntomas de las nuevas patologías. Si, por las razones que hasta el momento he mencionado, el diagnóstico de Fobia Social ya es difícil de realizar, en presencia de nuevos trastornos se vuelve aún mucho más.

 Importancia del diagnóstico.

 Es posible que el diagnóstico no sea el final de todos los males para un fóbico social, pero es el principio obligado para el inicio de terapias adecuadas. No estoy en condiciones de enseñar ni de dar consejos acerca de los tratamientos a seguir, una vez conocido el diagnóstico, pero sí puedo dar a conocer porqué fue importante para mí y de qué forma me ayudó.

 Específicamente, conocer el diagnóstico me permitió relacionar en forma directa los efectos perjudiciales de la Fobia Social con cada una de mis aflicciones y de este modo pude explicar la causa real en cada situación. Esto permitió, a su vez, desligarme de responsabilidades personales y de pensamientos de culpabilidad respecto a carencias en mi vida. El resultado casi instantáneo de este proceso fue un mejoramiento radical de mi autoestima. Finamente, entendí que mis problemas no se debían a supuestas irresponsabilidades, inmadurez o falta de motivación por surgir, sino derechamente a los efectos perjudiciales e inevitables de la Fobia Social.

 Otro beneficio de conocer el diagnostico fue permitirme terminar finalmente con la búsqueda por descubrir la causa de mis malestares, y aceptar que este trastorno de ansiedad está para quedarse y que lo más inteligente es aprender a vivir con él.

 Conclusión general.

 El objetivo central de este escrito no es enseñar acerca de la Fobia Social ni realizar conclusiones generales a partir de mi experiencia particular. El objetivo es crear conciencia entre profesionales del área de la salud mental para que se interesen por desarrollar sus habilidades y conocimientos en la detección de este trastorno. Estoy seguro que si este texto llega a los profesionales en cuestión, gran parte de los objetivos ya estarían cumplidos incluyendo satisfacer mis intereses personales de aportar mi experiencia a esta causa.

!Qué horrible!..¿Esto es fobia social?

22 Octubre 2009 Roberto 1 Comentario

El siguiente artículo explica qué es la fobia social y  describe los síntomas y otras características propias de este trastorno.  

 

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Autor: Roberto Neumann Ringeling

Fobia Social es un miedo (1) desproporcionado, (2) irracional y (3) persistente a sentirse criticado, humillado y evaluado negativamente en situaciones de interacción social (como fiestas y reuniones familiares) y en situaciones de actuación social (como hablar o actuar ante una audiencia). Cuando la persona es expuesta a la situación temida en forma inmediata aparecen los síntomas físicos de ansiedad (como palpitaciones, sudación y temblores),  Los síntomas también aparecen casi con la misma intensidad cuando la situación temida está a semanas e incluso meses de anticipación (ansiedad anticipatoria). 

  Podría decirse que la fobia social es la enfermedad de las relaciones humanas, porque ataca directamente las habilidades sociales imprescindibles para relacionarse con las demás personas y para integrarse socialmente a la comunidad. Produce severos grados de invalidez en todos los grandes ámbitos de la vida, y se ubica en tercer lugar dentro de los trastornos psiquiátricos más frecuentes en la población general, precedido solamente por depresión y alcoholismo.

 Una característica de la Fobia Social es que a pesar de ser una enfermedad bien estudiada sobre la cual existe mucha información, es poco conocida por la población general, por quienes la padecen e incluso poco conocida por muchos profesionales que muchas veces la subdiagnostican. La razón puede ser que los síntomas se confunden con problemas de interacción social de gente común. En la mayoría de los casos las personas no saben que padece de este trastorno y en muchos casos las personas viven con sus malestares, por intensos que sean, pensando que son “parte de su vida” o “de su manera de ser” sin nunca advertir que se trata de una enfermedad. En el caso de fobia social específica ( no generalizada), normalmente las personas se acostunbran a vivir con la fobia y organizan su vida alrededor de los síntomas, evitando, por ejemplo, comer en público, asistir a reuniones de apoderados, participar en actividades recreativas, etc.

  Situaciones de interacción social temidas

  •  Participar en reuniones o en grupos informales.
  • Comer en casa con conocidos o con la familia.
  • Asistir a fiestas y reuniones informales.
  • Ser centro de atención, o que le dirijan la palabra.
  • Hablar con personas de autoridad como profesores o jefes.
  • Encontrarse sorpresivamente con familiares o personas conocidas.
  • Hacer una reclamación. Hacer o aceptar cumplidos.
  • Ser presentado, conocer personas extrañas.
  • Recibir visitas o traer visitas a la casa.
  • Seducir a personas del sexo opuesto.
  • Mantener o iniciar una conversación.
  • Las tomaduras de pelo.
  • Mirar a los ojos del otro (sobretodo del sexo opuesto).
  • Dar o defender las propias opiniones.

 Situaciones de actuación  pública temidas  

  • Presentarse ante el público en un escenario.
  • Dar una conferencia, una clase o hablar en público.
  • Escribir, comer o beber delante de otros.
  • Usar el teléfono delante de otros o en público.
  • Ser observado haciendo algo.
  • Manejar en la ciudad.
  • Entrar a lugares donde hay gente sentada.

  Síntomas físicos (ansiedad anticipatoria y de exposición)

 Las situaciones sociales temidas desencadenan inevitablemente los síntomas de ansiedad y en los casos más serios estos síntomas pueden llegar a una crisis de angustia. Algunos de estos síntomas también se pueden experimentar con días o semanas de anterioridad al evento.

 Los síntomas más comunes son:

  •  Ruborización o palidez.
  • Temblor de manos, pies o voz.
  • Sudorización profusa, especialmente en las manos.
  • Sequedad de boca.
  • Palpitaciones o arritmia.
  • Falta de concentración.
  • Deseos urgentes de orinar.
  • Problemas alimentarios.
  • Tartamudeo.
  • Ataques de pánico.
  • Tensión muscular.
  • Opresión toráxica.
  • Nauseas.
  • Inestabilidad emocional.
  • Escalofríos.
  • Dificultad para respirar, falta de aire.
  • Mareos, insomnios, cefaleas.

  Síntomas cognitivos (pensamientos)

 El núcleo central de la fobia social es el temor a la evaluación negativa: la persona piensa que está siendo juzgada, criticada o rechazada por los demás. Entre las características comúnmente asociadas cabe citar la hipersusceptibilidad a la crítica, el temor a la valoración negativa por parte de los demás, la baja autoestima y los pensamientos catastróficos. Algunos de estos pensamientos o creencias son como sigue: 

  • Temor a ser juzgado o criticado por los demás.
  • Temor a actuar de un modo que sea humillante o vergonzoso.
  • Temor a manifestar síntomas de ansiedad.
  • Sensación de que todos tienen la mirada puesta en uno.
  • Creer ser visto como ansioso, débil, loco o estúpido.
  • Creencia de no saber comportarse de un modo adecuado o competente.
  • Miedo de ser considerado  inepto, o a ser burlado.
  • Necesidad de evadir en forma total un evento social.
  • Idea de que uno se bloqueará, tartamudeará, toserá, etc.

 Pensamientos catastróficos

  •  “Llamaré la atención, me van a mirar”. “Pensarán que soy raro, tonto, débil”.
  • Pensamientos negativos como “voy a hacer el ridículo”, “quedaré bloqueado y no sabré que decir”,  “seguro que no les interesa mi opinión”, “se darán cuenta de lo nervioso que estoy”, “creerán que soy tonto, se estarán riendo de mí.
  • “No sé qué decir. Me voy a olvidar de todo, no me van a entender”.

 Ejemplo de un relato típico de Fobia Social:

 ”En la escuela siempre tenía miedo de participar en clase, aunque supiera la materia. Cuando comencé a trabajar, detestaba tener que reunirme con mi jefe. No podía ni siquiera sentarme a comer con mis compañeros de trabajo. Me sentía nervioso al pensar que me estaban mirando o juzgando y que iba a hacer algo estúpido. Mi corazón latía fuertemente y empezaba a sudar nada más de pensar que tendría que asistir a una junta. Estos síntomas se empeoraban mientras más se acercaba el evento. A veces no podía dormir ni comer por varios días antes de asistir a una junta de personal”.

 Fobia Social generalizada y específica

 Generalizada: La Fobia Social generalizada se da cuando hay temor de relacionarse socialmente en todo tipo de situaciones (situaciones de contacto cara a cara). Es posible que la generalización abarque muchas o todas las situaciones sociales descritas arriba, en ese caso la enfermedad comprendería también situaciones de actuación pública como situaciones de interacción personal (donde se supone debería existir mayor confianza, por ejemplo, reuniones familiares, hablar a una persona, ir a una fiesta, etc.).

Epecífica: se da cuando hay temor a determinadas situaciones de actuación publica como hablar en público, actuar en un escenario, dar una clase o ser observado mientras se come. esta es más común en artistas, actores, profesores, dirigentes, personas de oficios públicos, etc. El origen de la Fobia Social específica puede deberse a malas experiencias en situaciones particulares. En la Fobia Social generalizada el origen está siempre temprano en la adolescencia mientras que en la fobia específica el origen puede darse en cualquier punto en la vida. Además, en la Fobia Social generalizada la crisis es constante mientras que en la fobia específica no, porque el afectado puede organizar su vida alrededor de los síntomas.

 Gravedad de la Fobia Social

La gravedad de la Fobia Social se refiere al grado de incapacidad o de invalidez que produce en la vida de los afectados, y esto podría estar determinado por el grado de generalización del trastorno. Por ejemplo, una fobia podría ser de máxima gravedad (producir el máximo daño), cuando está completamente generalizada, y de mínima gravedad cuando se trata de una fobia social específica. Un estudio menciona la siguiente escala de generalización:

  1. fobia social específica.
  2. fobia social levemente generalizada.
  3. fobia social moderadamente generalizada.
  4. fobia social gravemente generalizada.  

 Ansiedad anticipatoria y de exposición

 Anticipatoria: La persona presenta síntomas de ansiedad (como palpitaciones, insomnio, ansiedad, trastornos alimentarios, etc.) y preocupaciones diarias durante varias semanas (e incluso meses), antes del acontecimiento temido. Esta ansiedad puede ser realmente perjudicial afectando seriamente el diario vivir de la persona. A veces llega a constituirse un ciclo vicioso, porque el temor anticipado de ser evaluado negativamente en la situación temida provoca una actuación deficiente real, produciendo mayores niveles de ansiedad anticipatoria para la próxima vez, y así sucesivamente.

 De exposición: Mientras interactúa con otros, la persona experimenta con toda su fuerza los síntomas característicos de la Fobia Social. En los inicios del cuadro, la persona intenta superar el problema exponiéndose a la fuerza y obligándose a sí mismo a soportar el intenso malestar, sin experimentar alivio la vez siguiente que enfrenta la misma situación (el fóbico social puede sentir envidia o admiración por otras personas al ver que hacen cosas que ellos no pueden, como ser socialmente muy integrados y pasarla bien).

 Conductas de evitación.

 Muchas veces las personas con Fobia Social se arman de paciencia y valor, y asisten a las situaciones sociales temidas por razones de fuerza mayor o presiones sociales (a costa de malestar y a riesgo de pasarlo muy mal). Pero cuando la intensidad de los síntomas fóbicos supera la capacidad del individuo de sobreponerse, el resultado inevitable es la evitación de tales situaciones. En los casos más severos la evitación de situaciones de interacción social puede llevar al afectado al aislamiento social total.

 Ejemplos de conductas de evitación

  • Faltar o llegar tarde al trabajo o a la escuela.
  • Cancelar o no concertar citas o compromisos sociales.
  • Inventar excusas y razones para no participar en actividades.
  • Rehusar un trabajo, un ascenso o una actividad laboral.
  • Enfermarse antes de dar un discurso, una charla o una exposición.
  • Distanciarse de amistades y rehusar conocer gente nueva.

¿Cuándo comienza la fobia social y cuánto dura la enfermedad?

La fobia social usualmente comienza en la niñez o adolescencia, generalmente a partir de los 11 años. Es muy raro que comience después de los 25 años. Su curso acostumbra a ser crónico o continuo y puede durar toda la vida. El inicio temprano del trastorno es particularmente dañino porque es una edad crítica para el desarrollo de habilidades sociales. Este trastorno puede ser hereditario; los parientes de primer grado de los individuos con fobia social parecen tener más probabilidades de sufrir el mismo trastorno (al igual que con otras fobias simples). Se da más frecuentemente en familias emocionalmente frías y distantes, y en familias sobre protectoras. También se cree que puedan existir causas de tipo biológica y psicológica así como otros factores ambientales. Por otro lado, se cree que el origen de la enfermedad se remonta a los inicios de la humanidad, se cree que Adán haya tenido Fobia Social!

  Estados de comorbidez

 Existe evidencia de que la fobia social conduce a diversos estados secundarios de comorbidez, los más graves de los cuales son depresión profunda, alcoholismo y abuso de drogas, seguidos por agorafobia, trastorno de pánico, de evitación y otros. También es común la ideación de suicidio (la probabilidad de suicidio casi doble que la población general), y trastornos alimentarios. En la mayoría de los casos el afectado puede estar convencido erróneamente de que una de las manifestaciones secundarias (como las recién mencionadas), es el problema principal sin advertir que el problema de fondo es la Fobia Social. Se estima, por ejemplo, que un 30% de la población de alcohólicos padece de Fobia Social.

 En promedio las personas que padecen Fobia Social tarda 15 años en consultar por ayuda profesional; una mayoría nunca lo hace. Otros consultan por  otros problemas como depresión, crisis de pánico ansiedad, etc., y el cuadro de fondo que es la Fobia Social no es nunca diagnosticado.

  Consecuencias de la Fobia Social

 Cuando se habla de Fobia Social es necesario hacer justicia y mencionar el grado de sufrimiento que este trastorno produce: es una condición tremendamente dolorosa e incapacitante para quién la padece. Algunos estudios se refieren a esto como “ …causa de difundidos sufrimientos”, o  “…provoca un sufrimiento significativo” o “es una enfermedad tan incapacitante como…”.  A los fóbicos sociales se les acusa de exagerar sus síntomas y dificultades, pero en realidad no es así. Los sufrimientos y la amplia gama de dificultades en la vida de los afectados son reales y no imaginados.

 Los fóbicos sociales tienen más probabilidades que la población general de:

  •  Ser solteros.
  • Ser económicamente dependientes.
  • Estar socialmente aislados.
  • Tener menos educación.
  • Tener pensamientos de suicidio.
  • Suicidarse.
  • Sufrir trastornos psiquiátricos adicionales.
  • Tener un historial de empleo inestable.
  • Tener sentimientos de insatisfacción personal.
  • Tener mayor consumo de alcohol y drogas.
  • Tener mayor incidencia de depresión.

 Grado de deterioro o incapacidad

La Fobia Social no es cuestión de blanco o negro. Se puede medir por su grado de generalización, por su grado de somatización (qué tan presentes están los síntomas físicos de la ansiedad), y por el grado de daño real que provoca en la vida de los afectados. Una manera de medir el grado de deterioro que produce (Escala de Incapacidad de Sheehan), es indicando en la escala de cero a diez el grado de incapacidad percibido en las áreas de: 

  1. Trabajo.
  2. Vida social y actividades de ocio.
  3. Vida familiar y responsabilidades domésticas.

 Finalmente, existen muchas personas que sienten temores y tienen serias dificultades para interactuar con otros, lo cual limita su capacidad de relacionarse socialmente, de formar amistades y les resta felicidad en sus vidas. Sin embargo, para que esto constituya una  “Fobia Social”, los temores tienen que ajustarse a la definición anteriormente presentada: deben ser realmente desproporcionados, irracionales y persistentes. Además, debe existir algún grado de deterioro real, debido al trastorno, en la vida de la persona.