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Comunico al Taller Mi Descubrimiento: La FS es un Trastorno del Vínculo Afectivo

Categorías:Fobia social
  1. Fernando
    20 diciembre, 2018 en 1:14 PM

    Roberto:

    Te prometí escribir un testimonio sobre mi mejoría tras poner en práctica tu terapia. Lo escribo seguidamente para que puedas copiarlo en la sección del blog más adecuada.

    Yo padecía prácticamente todos los síntomas de la fobia social; el miedo a relacionarme con los demás —pensaba que iban a despreciarme por cualquier motivo, elucubraba que me veían feo o que pensaban de mí que era estúpido— me producía una profunda tristeza. A pesar de ello, me integré en un grupo de amistades, estudié y, finalmente, trabajé; pero todo lo conseguí con gran sufrimiento. Siempre digo lo siguiente: la mayoría de la gente se esfuerza para conseguir lo que desea; los fóbicos sociales sufrimos para conseguir nuestras metas. Hay cierta diferencia entre esforzarse y sufrir. Con las mujeres, bastante regular, aunque, no sé muy bien cómo, siempre había alguna que se interesaba por mí; pero imagínense mis padecimientos cuando tenía que intimar con ellas: no eran momentos de alegría, sino de tensión y angustia. La vida era un suplicio continuo; me costaba hacer prácticamente cualquier cosa: hablar por teléfono; preguntar una dirección a desconocidos; hacer una simple compra, etcétera. Tenía un miedo atroz a las críticas. Y esto degeneró en cierta misantropía, en cierto odio hacia las demás personas, algo comprensible si tenemos en cuenta que los fóbicos sociales experimentamos un miedo permanente; al final, acabas odiando aquello que te aterra.

    Una de las cosas más preocupantes era que la gente me notaba ese miedo; me decían que caminaba por las calles agarrotado, con la cabeza gacha, o, peor, que contestaba con brusquedad o miraba con recelo.

    Empecé a poner en práctica la terapia de Roberto, y desde los primeros ejercicios, noté una sorprendente mejoría; ya no sentía ese miedo persistente que me agarrotaba los músculos cuando caminaba por la calle, y conseguía hablar por teléfono o hacía otras simples tareas sin tartamudear, quedarme en blanco o temblar. No sentía miedo al relacionarme con otras personas ni inseguridad al conocer nueva gente; solo sentía la normal incertidumbre o los nervios completamente naturales sentidos por la mayoría en ciertas situaciones.

    Eso sí, necesito ejercitarme continuamente; si por algún motivo dejo de hacerlo, padezco de nuevo los síntomas, si bien de una forma atenuada. El caso es parecido al ejercicio deportivo: si dejas de practicarlo, pierdes la forma. Supongo que esto dependerá de cada fóbico: algunos necesitarán ejercitarse continuamente; a otros les bastará con practicar la terapia de cuando en cuando; y, finalmente, otros simplemente necesitarán unas sesiones de terapia al principio y nada más.

    Yo hago lo siguiente: confeccioné una lista con todos mis miedos (a hablar por teléfono, a dar una conferencia, a conocer gente, a relacionarme con mujeres, a dar mi opinión en medio de un grupo numeroso, etcétera); después, empiezo a poner en práctica la terapia con cada uno de esos miedos, uno a uno, cierro los ojos, imagino la situación aterradora y aplico la agresividad imaginada. Dedico unos veinte minutos más o menos cada día o cada dos días. Cuando tengo algún compromiso social, me centro en los miedos asociados a ese compromiso, y me ejercito un poco más de tiempo: media hora más o menos durante todos los días de la semana previa al compromiso.

    Por supuesto, la terapia no ha eliminado los errores que, como todo el mundo, cometo con frecuencia; se trata de aceptar que nos equivocaremos muchas veces sin que esos errores o el miedo a las críticas que puedan suscitar nos paralicen o nos hagan infelices.

    Deseo la pronta recuperación a todos ustedes y agradezco los esfuerzos realizados por Roberto. ¡Ejercítense, y verán cómo mejoran!

    Un abrazo desde España,
    Fernando.

  2. Fernando
    16 diciembre, 2018 en 10:33 PM

    Sí, el miedo producido por la fobia social es tan intenso que pensamos que, con sus comentarios o acciones, los demás podrían “destruirnos”, dicho esto en el sentido social; es decir, que podrían estigmatizarnos, abandonarnos, repudiarnos.

    Mi pregunta es la siguiente: ¿este descubrimiento invalida tu terapia de agresividad positiva, o la confirma aún más?

    Enhorabuena por el trabajo. Un cordial saludo,
    Fernando.

    • 16 diciembre, 2018 en 11:00 PM

      la terapia de agresividad mental sigue siendo válida, de hecho la sigo aplicando en mis talleres.

      • 20 diciembre, 2018 en 1:22 PM

        Mil gracias Fernando por tu testimonio es exactamente lo que necesitaba para mostrarle a otras personas que esto funciona. Gracias por tomarte el tiempo de escribirlo hiciste un gran trabajo muy claro y bien redactado. Ahora lo subo a la página principal de este blog.

        • Fernando
          22 diciembre, 2018 en 8:50 PM

          De nada, Roberto.

          Espero que sea de ayuda.

          Un cordial saludo,
          Fernando.

  3. Sara Beltrán G.
    13 noviembre, 2018 en 10:50 PM

    Sabes que creo, q tienes razón, mucha razón.Te agradezco, en nombre de tantos, que sufren.Gracias!!.😊

    • 13 noviembre, 2018 en 10:56 PM

      Gracias Sara. Estaré publicando los videos de los testimonios del antes y despues del taller actual

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Cariños a mis lectores y a quienes padecen de fobia social. Los llevo en mi corazón.

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