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Por: Dionisio F. Zaldívar Pérez

¿Qué es la asertividad?

“Es un conjunto de principios y derechos que hacen un modelo de vida personal enfocado a lograr éxito en la comunicación humana, su esencia radica en la habilidad para transmitir y recibir mensajes de forma honesta, profundamente respetuosa, directa y oportuna. La asertividad es una forma de vida (…) la asertividad hace que los estímulos que nos llegan sean los que exactamente nos fueron enviados; y hace que enviemos aquellos mensajes que en realidad queremos mandar y que son esenciales para nuestro respeto y el de los demás (…). La asertividad es la herramienta para acertar en la relación humana, donde no hay ganadores y perdedores, hay solo seres que se relacionan en un ámbito de profundo respeto.” La asertividad implica la capacidad de expresar de manera libre y espontánea, sin temores infundados ni ansiedades innecesarias, nuestros pensamientos y sentimientos y actuar de manera consecuente con estos, pero con el debido respeto por los sentimientos y pensamientos de los demás.

Ser asertivo se resume en la capacidad de defender nuestros derechos y mantener el debido respeto por los derechos ajenos. La autoestima es el pilar fundamental de la asertividad, la misma puede ser conceptualizada como la valoración que tenemos de nuestra persona, el valor que nos asignamos; se relaciona con qué tanto nos aceptamos, con el grado de satisfacción con lo que somos, hacemos, pensamos y sentimos. Lo anterior se vincula con el grado en que respetamos y defendemos nuestros derechos y la actitud que asumimos en relación con los derechos de los demás. La manera en que un sujeto expresa su asertividad, nos permite inferir como anda su autoestima. Los sujetos con autoestima adecuada muestran respeto y consideración para su persona y se valoran positivamente, mientras que los sujetos con autoestima baja e inadecuada muestran dificultades para expresar su asertividad y pueden comportarse de manera agresiva o pasiva, al tratarse a sí mismos con dureza, con exigencias desmedidas y una desvalorización general de su persona y de todo lo que hacen. Una autoestima saludable implica no sólo la potencialidad para mantener valoraciones y relaciones gratificantes consigo mismo; sino también, la capacidad para relacionarse de manera asertiva con los otros y contar además con la fortaleza psicológica necesaria para arriesgarse y luchar, de manera legítima, por alcanzar nuestros objetivos y enfrentar los obstáculos que se oponen a ello.

Una asertividad saludable, nos capacita además para valorar justamente nuestros logros, así como los logros de los demás, expresar adecuadamente nuestros pensamientos y sentimientos y permanecer abierto para dar y recibir afectos de nuestros seres queridos y amigos más cercanos. Cuando nuestra autoestima se encuentra dañada, nos hace sentirnos incapaces e inadecuados, nos mostramos inseguros y dependientes, de manera excesiva, de las opiniones y aprobación de los demás y el auto-concepto que desarrollamos nos hace sentirnos infelices, deprimidos o ansiosos. La estimulación de las tres áreas principales siguientes: el sentimiento de identidad personal, sentido de pertenencia y el sentimiento de auto-eficacia, nos posibilita mostrar una asertividad adecuada y una autoestima saludable. Estimular el sentimiento de identidad personal implica profundizar en el conocimiento de sí mismo, conocer más acerca de la persona que somos, aceptarnos como seres únicos e irrepetibles que somos y aprender a reconocer y valorar positivamente nuestras cualidades personales positivas, y también a trabajar en el perfeccionamiento de nuestros puntos débiles. Nuestro sentido de seguridad se refuerza cuando nos sentimos pertenecientes a determinado grupo: familia, trabajo, etc. Esta identidad con el grupo se construye y refuerza a partir del sentimiento de ser queridos y estimados por este, de ser importantes para sus integrantes, esto eleva nuestra autoestima. El sentirnos capaces de emprender exitosamente determinadas actividades, de alcanzar determinados logros, o de desempeñarnos de manera eficaz ante determinadas situaciones o circunstancias, refuerza nuestra autoestima y nuestra asertividad.

Pensamientos positivos y visión optimista de nuestras posibilidades de afrontamiento, estimulan nuestro sentimiento de eficacia. Reflexionar sobre la expresión de nuestra asertividad, valiéndonos de una tabla de derechos asertivos, puede ayudarnos a darnos cuenta de donde residen nuestras dificultades y entrar a trabajar sobre ellas. Una tabla de derechos asertivos es un documento que se elabora con la finalidad de que los sujetos que la consulten puedan esclarecer sus derechos y al mismo tiempo reflexionen sobre un conjunto de tendencias aprendidas, tales como: la búsqueda desmedida de aprobación y apoyo por parte de los demás, la preocupación excesiva de las opiniones ajenas sin importar de donde provienen y la tendencia a la justificación innecesaria o a ponerse muy frecuentemente a la defensiva. Algunas de las aseveraciones que se plantean en la tabla de derechos asertivos son: • Usted es el que debe juzgar su conducta, pensamientos y emociones y hacerse responsable por ello.

• Usted es el que debe juzgar su conducta, pensamientos y emociones y hacerse responsable por ello.

• Usted no está obligado a ofrecer excusas o razones que justifiquen su comportamiento, fuera de las situaciones en que esté establecido que se haga.

• Usted es el que debe decidir si está obligado o no a buscar soluciones a problemas de otros.

• Usted tiene derecho a decir no ante propuestas que le resulten nadecuadas.

• Usted tiene el derecho a variar una decisión o un criterio anterior, si han cambiado las condiciones o sencillamente si ha cambiado de opinión.

• Usted puede cometer errores como todo ser humano y debe responsabilizarse con ellos.

• Usted tiene el derecho a decir “no comprendo”.

• Usted tiene el derecho de hacer cualquier cosa, siempre que con ello no dañe el derecho de otro.

Incrementar y perfeccionar nuestro comportamiento asertivo, redundará en el aumento de nuestra estima, de una autoestima saludable; para lo que debemos en primer lugar definir nuestras metas e intereses. Ello implica: identificar lo que queremos y expresar lo que sentimos y necesitamos, luchar por alcanzar nuestros objetivos sin temor a equivocarnos, y en caso de que eso suceda, estar dispuestos a aprender de nuestros errores, vivir con responsabilidad y, sobre todo, aceptarse a sí mismo. Sí somos asertivos y mostramos una autoestima saludable, estaremos en mejores condiciones para lidiar con los retos de la vida y tener una existencia con mucho más disfrute y bienestar.

 

Este artículo lo leí en internet y me gustó. Lo agrego por si a alguien más le gusta:

La fobia social: Cuando la soledad se convierte en tu única salida

Lunes 2 julio 2012 | 12:03

Publicado por Carolina Reyes· 1253 visitas

 

 

Los trastornos ansiosos se hacen cada vez más presentes en nuestra sociedad. Quizás tus padres o abuelos no entiendan cuando les menciones algo como la agorafobia, depresión, o fobia social. Y tú, ¿qué es lo que sabes?

Desde muy pequeña, Claudia fue una niña tímida. Creció sintiéndose siempre inferior al resto, lo que formó una personalidad retraída, insegura, introvertida y con una autoestima baja; pese a que tenía todas las condiciones para considerarse atractiva, tanto física como psicológicamente.

Según ella esto se hacía llevadero hasta que ingresó al colegio. Ahí se transformó en una pesadilla. Cada vez que iba a clases, rogaba para que la profesora no la interrogara, pues si lo hacía, su cara se cubría de un rubor intenso, sus manos comenzaban a sudar, y sentía taquicardia.

Esto ocurría siempre que se enfrentaba a una situación que le generara ansiedad, por lo que se hizo regular alejarse de los grupos de personas, o reuniones con gente desconocida. No se atrevía a preguntar dudas ni a conocer nuevos amigos.

Claro, cuenta, para todos sólo era “vergonzosa”, y ella también lo creía. No sabían que era algo que iba más allá de la simple timidez.

En su ingreso a la Universidad el panorama no varió, sólo se intensificó y comenzó a hacerse incontrolable. Tanto que dejó de realizar actividades por temor a sociabilizar con más personas.

Cansada y con el ánimo por el suelo, decidió pedir ayuda especializada. El psicólogo le diagnosticó una fobia social y fue derivada inmediatamente a psiquiatría. No fue fácil, ya que era complejo dejar atrás los prejuicios y resquemores respecto a los denominados “loqueros”, pero si eso podía ayudarla, continuaría.

Si esta historia te suena un poco familiar, debes tener claro que la fobia social es parte de uno de los muchos tipos de trastornos ansiosos. No se contagia, simplemente se cultiva. Lo importante es saber detectarla a tiempo antes que termine en algo irreversible o hasta en una depresión.

Según la Encuesta de Comorbilidad Nacional de Estados Unidos, éste es uno de los trastornos de ansiedad más comunes, y el tercero con mayor prevalencia. Se estima que 19,2 millones de estadounidenses la padecen y puede ocurrir en cualquier momento a lo largo de sus vidas. Sin embargo, es más frecuente en la adolescencia, la adultez temprana, e inclusive en la primera infancia. Estadísticamente, es también más común en mujeres que en hombres.

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la American Psychiatric Association, define la fobia como el miedo persistente e irracional hacia un objeto, situación o actividad específicos (el estímulo fóbico), que da lugar a un deseo incoercible de evitarlo. Esto suele conducir a evitar el estímulo fóbico o a afrontarlo con terror.

En tanto, como su nombre lo dice, la fobia social es el temor acusado y persistente por una o más situaciones sociales o actuaciones en público en las que la persona se ve expuesta a individuos que no pertenecen al ámbito familiar, provocando el temor de sentirse evaluado.

vmbustillo.com

¿Cómo diagnosticar si padeces esta fobia?

-La persona teme actuar de un modo o que se le noten los síntomas ansiosos, pues resultaría humillante o embarazoso. -La exposición a los eventos sociales es temida y produce una respuesta inmediata de ansiedad, algo que puede derivar en una crisis de angustia. – El individuo reconoce que el temor es excesivo o irracional. – Resulta tan terrible exponerse a las situaciones temidas, que la persona comienza a actuar evitando lo que le provoca ansiedad o malestares intensos. – En cuanto a los comportamientos de evitación, la anticipación ansiosa, o el malestar que aparece en situaciones sociales o actuaciones en público interfieren acusadamente con la rutina normal del individuo, con sus relaciones laborales (o académicas) o sociales, o bien producen un malestar clínicamente significativo. – Posiblemente esconda su angustia bebiendo alcohol, consumiendo drogas o abusando de los fármacos.

Algunos de los síntomas

Si estás expuesto a cualquiera de estas situaciones, es frecuente que presentes la sintomatología que te entregamos a continuación:

Físicos: Rubor excesivo, sudoración profusa o hiperhidrosis, temblores, palpitaciones, náuseas, tartamudez y/o discurso acelerado, ataques de pánico, deseos de orinar, molestias gastrointestinales.

Cognitivos y emocionales: Miedo a bloquearse mentalmente, temor a la evaluación negativa, pensamientos negativos como “voy a hacer el ridículo”, miedo a manifestar los síntomas ansiosos, evitar eventos sociales, temor a conocer gente nueva, creencia de ser visto como ansioso, débil o raro.

La psiquiatría indica que el trastorno es comúnmente desarrollado después de la adolescencia y es más normal de lo que pensamos. Los especialistas recomiendan aceptarlo abiertamente en público, pues es el mejor modo de empezar a superarlo.

A menudo el entorno de quien la padece suele confundir erróneamente la fobia con la timidez, pero una persona con este trastorno es posible que no sea tímida.

Posibles tratamientos

Según el Manual, la fobia social presenta una buena respuesta frente a la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), ya sea individual y grupal, siempre y cuando quien manifieste el trastorno reconozca su condición ante su entorno.

En gran parte de los casos está indicado también el tratamiento psicofarmacológico, que suele lograr respuestas donde la TCC sola no lo logra, además de acortar los tiempos de evolución. Y hasta ahora, el medicamento más utilizado por la efectividad es la paroxetina. No obstante, siempre es más recomendable la actividad física o la medicina alternativa.

Como toda fobia, o como todo padecimiento, es necesaria la voluntad de la persona y el apoyo de su entorno, y comenzar a enfrentar las situaciones que normalmente no haría. No temas pedir ayuda profesional, hacerlo no te hará quedar como un “loco”, sólo estarás preocupándote por tu salud y adelantándote a una posible crisis futura.

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  1. 14 marzo, 2012 en 3:40 AM

    Que importante el artículo es como el manual para la educacion, ahora lo que cuesta es llevarlo a cabo, si jamas nadie te dio señal alguna, creo que lo voy a leer seguido hasta aprendermelo o por lo menos tomarlo en cuenta cuando este depre y sienta que no tengo valor alguno… quiero crecer aun mas y creo que este articulo ayuda¡¡¡ bien¡¡

    Un abrazo y saludos

  2. Daniela
    22 mayo, 2012 en 5:34 PM

    “Usted no está obligado a ofrecer excusas o razones que justifiquen su comportamiento, fuera de las situaciones en que esté establecido que se haga” Seria mas fácil si todo el mundo lo entendiera así.

  3. 8 diciembre, 2012 en 9:50 PM

    yo creo que la competividad no quernos i valorarnos hase que padesamos mas ansiedad o es mi caso

  1. No trackbacks yet.

Todos mis cariños a mis lectores y a quienes padecen de fobia social, los llevo en mi corazón.

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